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“SIMETRÍA ENTRE PADRES E HIJOS. Efectos de la mimetización inconsciente con el adulto a nivel emocional, educativo, vocacional y social.” Editorial Noveduc.

SIMETRÍA ENTRE PADRES E HIJOS. Efectos de la mimetización inconsciente con el adulto a nivel emocional, educativo, vocacional y social.

 

“DESMOTIVACIÓN, INSATISFACCIÓN Y ABANDONO DE PROYECTOS EN LOS JÓVENES. Orientación vocacional y vínculos familiares.” Editorial Noveduc.

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TRANSICIONALIDAD Y VOCACION. OTRA LECTURA POSIBLE ACERCA DE LO VOCACIONAL

 

“EL IMPULSO VOCACIONAL. UN NUEVO RECURSO TECNICO-CONCEPTUAL FRENTE A LAS EXIGENCIAS ACTUALES DE VERSATILIDAD Y CAMBIO PERMANENTE”

Se desarrolla en este artículo  el concepto de impulso vocacional como nueva herramienta conceptual para hacer frente a las exigencias actuales de versatilidad y cambio permanente. Se incluye una síntesis de distintos trabajos y publicaciones en los que se planteó esta nueva lectura de lo vocacional, difundida por primera vez en 1989 en la Revista Temas de Psicología Social (1); luego en 1994 en el libro La Vocación, un enigma. Interrogaciones desde la teoría y la práctica, Selección de trabajos seleccionados en las Primeras Jornadas de O.V. del C.B.C. de la U.B.A en l993 ; en 1994 fue publicado en Psicología-Página Doce  y en Novedades Educativas, así como en  otros medios masivos de comunicación.

Este concepto permite entender y encontrar un sentido unitario a los distintos intereses vocacionales y también a los cambios  de carrera y ocupación que se van produciendo a lo largo del tiempo. Esta nueva herramienta conceptual es especialmente apta para el trabajo con adultos y se estuvo aplicando con muy buenos resultados a destinatarios de los planes Jefes y Jefas de hogar que participaron del programa de microemprendimientos que organizó la Municipalidad de Luján en el año 2003.

1. “TRANSICIONALIDAD Y VOCACIÓN: OTRA LECTURA POSIBLE ACERCA DE LO VOCACIONAL”

¿Qué es la vocación? ¿Todos tenemos una vocación, o sólo unos pocos? Los que cambiamos de actividad o hacemos un recorrido por distintas profesiones u ocupaciones, ¿no tenemos vocación? ¿Debemos considerar como más auténtica la última actividad que realizamos? Los que hicimos una carrera y luego nos dedicamos a otra cosa, ¿nos equivocamos de camino? ¿Descubrimos tardíamente nuestra vocación? ¿O simplemente fuimos cambiando y encontramos que distintas actividades nos han satisfecho de diversas maneras en distintos momentos de nuestra vida? ¿Habrá algo en común entre estas distintas ocupaciones? ¿Podemos tener distintas vocaciones?

Son muchos los interrogantes que este concepto despierta, por eso a veces se intenta hablar de Orientación a secas, excluyendo la palabra vocación, entre otros motivos por la connotación innatista que este vocablo posee.El objetivo de este trabajo es proponer una idea diferente acerca de “lo vocacional” surgida de mi práctica profesional, apoyada en los desarrollos de Winnicott (1972) acerca del “objeto y fenómenos transicionales” y que recoge una terminología de Leonardo Wender acerca de la “significación, impulso o tendencia vocacional básica” (2).

2. “LO TRANSICIONAL, UN NUEVO PARADIGMA EN EL ABORDAJE DE LO VOCACIONAL”.

Estaremos en condiciones de percibir la presencia de lo transicional en la estructura misma del término vocación si nos detenemos una vez más en su significado.

La palabra vocación viene del latín Vocatio, que indica la acción de llamar y por extensión el hecho de ser llamado.Lidia Ferrari señala la importancia del doble aspecto del término, llamar y ser llamado, donde no se puede precisar si el sujeto de la acción es activo o pasivo: “es lo más íntimo, lo más propio (de donde derivan las concepciones innatistas de la vocación) y, a la vez lo más exterior, lo más ajeno” (vertiente cristiana a través del llamado de Dios). ( Ferrari, 1990).

Angela. Lopez Bonelli alude al doble significado con que puede ser empleada la palabra: como un llamado de algo o alguien fuera del sujeto ( Dios, una profesión determinada) o como un llamado proveniente del interior del mismo sujeto (una voz interior que lo impulsa hacia determinada actividad). (L.Bonelli, 1993).
La vocación nos remite entonces a un llamado de características muy particulares, acerca del cual no podremos precisar si proviene del exterior o del interior del propio sujeto. Está, aparece, no se lo busca, se lo advierte allí cuando se lo encuentra y es justamente ésta, una de las principales características de los fenómenos denominados por Winnicott  “transicionales”.

Winnicott nos dice en Realidad y juego : " Ningún ser humano se encuentra libre de la tensión de vincular la realidad interna con la exterior, y el alivio de esa tensión lo proporciona una zona intermedia de experiencia, sobre la que no se discute si pertenece a una realidad interna o externa, que constituye la mayor parte de la experiencia del bebé, y se conserva a lo largo de la vida en las intensas experiencias que corresponden al arte, la religión, a la vida imaginativa, y a la labor científica creadora. Esta  zona es una continuación directa de la zona de juego del niño pequeño que se pierde en sus juegos".

Pero el carácter transicional de la vocación no está presente solamente en su etimología sino que - desde mi punto de vista- son las experiencias transicionales las que constituyen el motor inconsciente, la base pulsional de la vocación, proveyendo contenido y significación peculiares a ese llamado.

Estas experiencias transicionales se acompañan de fantasías, vivencias y sensaciones que pueden ser puestas en palabras y van armando, constituyendo, aquello que recogiendo una terminología de Wender hemos  denominado "impulso vocacional".

3. “ EL IMPULSO VOCACIONAL”: UN NUEVO RECURSO CONCEPTUAL FRENTE A LAS EXIGENCIAS ACTUALES DE VERSATILIDAD Y CAMBIO PERMANENTES .

Wender señala en Psicoanálisis de la Vocación, la necesidad de diferenciar dos elementos presentes en este concepto: por un lado una tendencia, impulso o necesidad vocacional básica de carácter eminentemente reparatorios; por otro lado, las posibilidades concretas de instrumentación de estos requerimientos de los que un sujeto dispone en un momento dado.
Aunque desde una perspectiva teórica totalmente diferente a la kleiniana, rescato el valor de  diferenciar  dos componentes en la dinámica de la vocación.

Planteo, por un lado, la presencia de un “impulso vocacional" que tiene su origen en la zona de transicionalidad, que constituye el móvil inconsciente o base pulsional de la vocación y que posee continuidad y permanencia. Por otro lado el o los objetos vocacionales (como tales variables y sustituibles) cuyas elecciones dependerán efectivamente de los elementos de instrumentación disponibles para un sujeto en un momento determinado, incluyendo la síntesis particular que resulte de sus  procesos identificatorios.

Podemos acceder al contenido de nuestro “impulso vocacional” si hacemos un recorrido por los momentos más placenteros de las distintas actividades que desarrollamos en el presente y en el pasado, tratando de precisar qué es lo que nos producía la satisfacción más íntima.
Descubriremos que entre esas vivencias satisfactorias existe un hilo conductor, una continuidad, que en algunas personas se remonta hasta los juegos favoritos de la infancia. Nos encontraremos con una frase, relativamente corta, que sintetiza y pone en palabras el contenido específico de nuestro “impulso”,  el carácter  peculiar  de este “llamado”.

Veamos los contenidos que encontraron algunas personas después de realizar este recorrido : 
“Transformar algo opaco sin vida, en algo vivo”.
“Encontrar la solución a problemas".
“Remover obstáculos”.
“Combinar cosas, transformarlas, cambiar las formas”.
“Comunicarse”.  “Ser mirado, admirado”.
“Descubrir verdades útiles”. 
“Acertar, dar en el blanco”.
“Inventar, armar historias”.
“Encontrar la verdad última de las cosas”.
“Ser reconocido por los otros ”.
“Sentirse útil para los demás”.
“Gestar algo en el otro”. “Sentirse libre”
“Encontrar un lugar junto a otros”.

Lo que encontramos en estas frases son vivencias de participación, de creación, de logro, de transformación, de actividad. 

En esta zona, que no es objeto de ataques porque pertenece a nuestra intimidad, nos sentimos productores, creativos y activos. Éstas son las vivencias que inconscientemente buscamos recuperar en nuestro recorrido a través de distintas carreras, campos ocupacionales, hobbies incluso actividades de nuestra vida cotidiana.

Estas experiencias transicionales nos protegen, porque nos permiten transformar activamente lo que fue vivido de forma pasiva: el sentimiento de impotencia en potencialidad, la frustración en logro, la vivencia de exclusión en participación. A través de ellas experimentamos la posibilidad de un encuentro satisfactorio con un objeto con el cual nos sentimos “como  fusionados”, por eso es que el tiempo transcurre sin que nos demos cuenta. Recuperamos así, algo de aquella omnipotencia primaria de creer que ese objeto primario (pecho), que nos satisface y nos da placer, es un objeto que nosotros creamos cuando lo necesitamos.

Todos nosotros tenemos más o menos desarrollada esta zona de transicionalidad, y depende su consistencia de la calidad de la simbiosis inicial madre-hijo y la gradualidad en el proceso de desilusión posterior. De ahí la importancia fundamental de proteger todo este proceso.
Veamos otros ejemplos:

Un adulto recuerda que de chico, uno de sus juegos favoritos, era sacar las basuritas y palitos que impedían que el agua fluyera por los caminitos que se formaban después de la lluvia. Primero se recibió de médico y después como psicoterapeuta sigue encontrando satisfacción en ayudar a “remover los obstáculos que impiden el libre fluir” de la vida de las personas. Este impulso aparece también en su “vocación” por reunir a personas con intereses  comunes, en la proyección de centros informatizados con el mismo objetivo y hasta al imaginar válvulas esclusas transparentes que detecten posibles obstrucciones en el flujo del agua a través de las cañerías.

Una mujer cuyo juego favorito era las muñecas, se imaginaba que ella “les daba vida, existencia”. Se recibió de arquitecta, luego se dedicó a la escultura y más tarde a la pintura. Su mayor placer sigue siendo “dar vida, forma, existencia, a sus personajes”.
Ganar un juicio complicado, delinear una táctica y obtener resultados, ver terminada una obra construida por él, lograr manejar una bicicleta y haber podido hacer pochoclo y manzanas acarameladas cuando era chico, son para otra persona, vivencias equivalentes de “logro” que satisfacen su impulso vocacional.
Una especialista en temas de Educación sonríe al descubrir la misma satisfacción infantil de “poder armar el rompecabezas”, cuando resuelve complicados organigramas de las instituciones a las que asesora actualmente.

Investigando su impulso vocacional, una artista plástica recuerda sus libros como uno de sus tesoros más preciados, tenerlos al alcance de su mano, leer y releer los párrafos más bellos, dejando de lado los tristes y conflictivos. “Hoy a ciegas estiro la mano y elijo los colores, como elegía los párrafos que iba a releer”. “Seleccionar, producir y conectarse con la belleza” constituye su impulso vocacional. Aparece tanto en su pintura como en su vida cotidiana, al seleccionar los colores de una comida, al decorar las fuentes, al elegir los puntos, formas y texturas de un tejido. “Todas son piezas únicas como mis cuadros.”

“Recuerdo una foto de un talentosísimo fotógrafo que había captado una imagen, un banco de plaza después de la lluvia cubierto totalmente con las flores del jacarandá que habían caído y en las que brillaban todavía las gotas de lluvia. No sé bien por qué, pero era una imagen tan perfecta, de tanta belleza que experimenté una intensa emoción y sentí que mis ojos se humedecían como si mis propias lágrimas se fundieran con las gotas de lluvia.”

Transcribo completo el recuerdo de esta pintora porque me parece que refleja muy vívidamente hasta que punto “la vivencia transicional es una vivencia de fusión con el objeto”, que es lo que inconscientemente buscamos recuperar a través de las distintas actividades que desarrollamos satisfactoriamente, y que constituye el motor inconsciente de la vocación.

Descubrir nuestro impulso vocacional es conocer un eje organizador de nuestra identidad; es descubrir a posteriori, qué vivencias tuvimos que transformar creativamente para protegernos. Permite además valorizar el recorrido a través de los distintos objetos vocacionales y recuperar el programa de búsqueda que tuvimos en la infancia.

Esta lectura de lo vocacional tiene consecuencias significativas en el plano del fortalecimiento de la identidad porque permite el reconocimiento de algo propio,  a través de los cambios de carrera y ocupación.

Hoy sabemos que un joven que sale del secundario tendrá que atravesar mínimamente cinco cambios en su actividad ocupacional. También sabemos que las personas hoy tienen que “reciclarse” aplicando competencias y habilidades desarrolladas en un ámbito laboral a otros nuevos y en ocasiones totalmente distintos. El orientador podrá utilizar esta nueva herramienta conceptual para ayudarlos en esa transición a descubrir qué es lo propio, más allá de los cambios, y cuáles son los objetos vocacionales u ocupacionales que mejor podrán satisfacer este impulso vocacional.

Pero sobre todas las cosas permitirá a los jóvenes iniciar un camino diferente hacia el encuentro con un objeto vocacional, sabiendo que no es único, ni tiene que ser para toda la vida; que al igual que el objeto amoroso no aparece necesariamente en el momento que más lo buscamos y cuando lo hallamos requiere un trabajo permanente de construcción.

Sabiendo, también, que distintos objetos vocacionales pueden ocupar distintos lugares en nuestro afecto. Y que la primera elección es sólo un punto de partida para poder desplegar nuestro impulso vocacional, creador y transformador, que tiene la fuerza de la pulsión y que será capturado sólo por momentos, pero aún así nos guía y nos conduce a través de todo nuestro recorrido.

Pero para que se produzca este encuentro del impulso vocacional con el objeto vocacional,  para se arme esta pareja con una carrera, es necesario que intervenga otra energía, que se cumpla otra función, que ya no es la que viene del mundo materno, sino aquella que se conoce como función paterna. Si el padre o algún sustituto no cumple esa función los hijos se tendrán que separar por sí mismos a través del maltrato, la violencia, la distancia y la desconexión emocional, entre otros síntomas que luego trasladarán al campo del afuera, impidiendo y empobreciendo fuertemente su capacidad de entrega y armado de la pareja con el objeto vocacional. Sin embargo, como hemos venido desarrollando en todo el capítulo anterior, son muchas las causas por las que falla actualmente la función paterna de límite y diferenciación entre padres e hijos, generando por consiguiente la multiplicación de conductas fóbicas y dificultades muy intensas para el armado de la pareja con una carrera u objeto vocacional.

BIBLIOGRAFÍA:
Adamson G., M. Bouquet C., Sarquis J.: Creatividad en Arquitectura desde el Psicoanálisis. Ed. Paidós, Bs. As, l985.
Bohoslavsky, R.: Orientación Vocacional. La estrategia clínica. Ed. Nueva Visión. Bs. As. l976.
Ferrari L.: “Lo vocacional. Interrogaciones desde el Psicoanálisis" en O.V. Espacio de reflexión, confrontación y creación. Roca Viva Ed. Uruguay l990.
Hornstein L.: “¿Sublimación: un destino de la pulsión ?". Ficha.
Lopez Bonelli A.R.: La Orientación Vocacional como proceso." Ed. Ateneo Bs. As. l993.

Messing C.: “Vocación y Transicionalidad". en Temas de Psicología Social. Número 10,  Noviembre 1989.  Publicaciòn de la Primera Escuela Privada de Psic. Social  Fundada por el Dr. Enrique Pichon Rivière. Ediciones Cinco. Capital Federal,  Argentina.
Messing C.: “Vocación y Transicionalidad. Otra lectura posible acerca de lo vocacional.” Trabajo presentado en las Primeras Jornadas de O.V. del C.B.C.en  l993 y publicado en el trabajo de Compilación  posterior al Congreso titulado: “La Vocación un enigma. Interrogaciones desde la teoría y la práctica.”  Bs. As. 1994.
Messing C.: “El enigma de la Vocación”. Trabajo publicado por la Revista de Educación Novedades Educativas  en Marzo l994 y en  la Sección de Psicología del Periódico Página  Doce,  el 8-9-1994.
Tepper E.: “Lo regresivo, lo prospectivo, lo transicional". Ficha  Psicología Evolutiva. Adolescencia. Cátedra Uribarri. UBA. l978.
Wender L.: “Psicoanálisis de la vocación". Ficha No. 476. Fac. de Psicología. U.B.A. Cátedra de Orientación Vocacional.
Winnicott D.W.: Realidad y Juego. Editorial Gedisa Bs. As. l972

(1) Publicación de la Primera Escuela Privada de Psicología. Social  Fundada por el Dr. Enrique Pichon Rivière.

(2) Wender L.: “Psicoanálisis de la vocación". Ficha No. 476. Fac. de Psicología. U.B.A. Cátedra de Orientación Vocacional.

 

 

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